jueves, 28 de mayo de 2009

Un barrio cívico con “piernas”

En pleno centro político y económico del país se levanta una subcultura de mujeres en pequeños bikinis, música al máximo volumen y de café bien caliente.

Martín Romero E.

El café con piernas es una especie de tradición chilena la cual con el tiempo se ha transformado casi en orgullo patrio. Cientos de hombres, todos los días dedican buena parte de su tiempo (laboral, por lo demás) y de dinero en tomarse un café en compañía de una exuberante dama vestida con diminutas prendas.

Tamaña actitud es digna de un buen análisis sociológico, porque basta una sencilla pasada por estos centros del buen beber (y ver) para darse cuenta que la imagen idealizada de estos locales (o sea la de las minas más exquisitas de Chile y del universo), no es más que una exageración.

No se puede decir otra cosa, exageración. Porque pasar una hora diaria con un grupo de mujeres, que si bien casi no están vestidas, no son más que las tienen en la casa es digno de estudio. Yo propongo tres tesis: 1.- La descomunal cantidad de porno que el hombre promedio chileno consume, que lo hace necesitar dosis diarias de mujeres desnudas. 2.- La calentura propia del hombre y 3.- La estupidez propia de uomo qualunque chilensis.

Son las 11 de la mañana de un lunes, y a pasos del Paseo Ahumada se encuentra la Galería Comercial Santiago Centro, que al momento de su construcción se pensaba como “el” gran centro comercial del barrio cívico capitalino. En su subterráneo, cosa que me parece no estaba prevista por los capitostes del edificio, hay una gran cantidad de cafés con piernas.

En uno cuantos metros cuadrados hay 10 de estos locales que comparten espacio con tiendas de ropa, de deportes, relojerías y farmacias.

En pleno horario laboral (o por lo menos es así en cualquier país decente del mundo) tres hombres bien vestidos se aprestan a entrar al café “Ikabarú”. Se nota que no es la primera vez que entran al local, ya que al hacerlo saludan a una de las señoritas que atienden la barra, que por lo que escuché (yo entré detrás de los susodichos) se llama Marcela.

-Es tu primera vez aquí- dispara Jessica, al verme en la barra.

-SI- digo mintiendo en forma descarada.

-¿Un cafecito?, guapo- me dice.

-Ya- expreso con voz media irónica. (A qué iría alguien a un café, aunque sea con piernas, si no es para tomarse un café pienso en el silencio).

La música está fuertísima, puro reggaetón, o sea ese tipo de canciones en que el macho caribeño le dice a su mujer cosas como: “te lo voy a hacer por teléfono”, “te lo voy a hacer con ropa”, “te lo voy a hacer por detrás” (juro que así rezaba una canción que escuché ahí).

-¿Por qué estás acá?- le pregunto a uno de los tres tipos que entraron al local antes que yo .
-Para relajarme, es bueno empezar la semana así-, me dice medio riendo y echándole una mirada a Jessica que se acerca con mi café y un vaso de agua helada.

-¿Por qué trabajas aquí?- inquiero.

-No ganaría la plata en otro lado, y uno tiene que vivir de algo ¿no?

Lo que dice es medio esquizofrénico porque, por un lado está contenta con el dinero que gana, pero el tono en que lo dice da a entender que preferiría trabajar en algo mejor.

-¿Tienes hijos?, le digo.

-No, ni marido tampoco- me responde en forma sexy. Reconozco hidalgamente que ese momento centré mi atención en su pequeño bikini verde fosforescente, que a la imaginación mucho no dejaba.

Jessica igual es guapa, tiene lo suyo. Y como el parroquiano anterior me dice que los hombres van al café para pasar el rato, -desestresarse y compartir con las chiquillas- (sic).

Esa es la cuestión: el hombre chileno está tan estresado por ser padre, esposo y sustento de la familia, que necesita de un tiempo para sí mismo y como la oración y la penitencia no son suficientes, tomarse un café con una mina medio en pelota es de gran consuelo.

Veinticinco para las doce y el café está al tope, estoy todo apretujado. El humo y la música me tienen podrido, ya es hora de irme.

A la salida doy una vuelta por el subterráneo de la Galería y converso con los otros locatarios sobre lo que significa compartir el espacio con este tipo de locales. Antes de hacerlo pienso que la cohabitación es horrible, asaltos, intentos de violación, drogadicción, Carabineros por montón y a cada rato.

De nuevo todo es una exageración. –Mira aparte de la música fuerte, no pasa nada- me dice la dependiente de una farmacia naturista, remedios homeopáticos y cosas así. Más allá en una tienda de ropa para hombres un tipo gordo me dice más menos lo mismo, -te mentiría si te digo lo contrario- expresa.

En la galería centro aparte del “Ikabarú” están, el “Bahía”, el “Bubalú”, el “Ipanema”, 2 “Internacional”, 2 “Alibabá” y 2 “Kako´s”.

Ahora, si usted amable lector se encuentra lejos de la Galería Comercial Santiago Centro, le ofrezco sin cargo una guía, cual Turistel, para que ubique en pleno centro su lugar de descanso “con piernas”.

En la galería Alessandri (que da hacia Agustinas y Huérfanos) están el “Paraíso”, (que ofrece un show de cuerpos pintados) y dos locales del “Alibabá”. En Teatinos se encuentran el “Scorpio” (Nº 428), el “Brasil” (Nº471) y casi llegando a Catedral están “Mr. Cofee”, “De Phe a Pha” y el “Ipanema”. Estos tres últimos son atendidos por mujeres infinitamente feas y “lanzadas”, según un periodista que trabaja por ahí.

En Huérfanos 1373 en una galería comercial al frente de la Superintendencia de Seguridad Social, están el “Jany” (que cambia de administración el 9 de octubre) y el “Fiera” (al que después de las 20 horas, sólo se puede acceder por el Pasaje Rosa Rodríguez). Para finalizar, en Amunátegui están el Latino (al costado de la Torre Entel) y el Alibabá (Nº269), el único café con piernas cuyas puertas no son de vidrio polarizado sino de madera.

El arquitecto de la muerte

Roberto Barceló Lira quien ideó el edificio donde se alberga el diario “La Nación”, es uno de los pocos hombres que ha sido fusilado (por lo menos legalmente) en Chile. Aquí su historia que terminó en plomo, en la cual se entreteje a lo más granado de la aristocracia chilena.

Martín Romero E.

Según dicen las obras tienen invariablemente algo de sus creadores. No en vano éstos dejan en ellas no sólo tiempo y energías, sino que también alma, pasión y deseo.


Ahora, ¿qué pasa si el creador tiene algo de siniestro? (O lo es completamente). ¿Su obra lo será?


Emplazado en pleno “Barrio Cívico” se encuentra el diario “La Nación”. Desde la Plaza de la Constitución, y producto de los árboles que dan hacia su frontis, casi es imposible verlo, sólo se lo ve si se pasa por la calle en donde se encuentra el edificio que lo alberga: Agustinas 1269.


La Construcción de este edificio se demoró dos años de 1928 a 1930. La obra se enmarcó dentro de la construcción de dicho “Barrio” en pleno gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. El nuevo edificio, que acaparaba casi toda la cuadra de Agustinas entre Teatinos y Morandé, reemplazaba a la antigua casona que alojaba al periódico cuando éste seguía estando en manos del político liberal Eliodoro Yáñez, “El Maestro”, como se lo conocía.


En 1927 “La Nación” pasa a manos del Estado y en el gobierno se decidió que el matutino debía tener una nueva casa, para lo que se contrató al arquitecto Roberto Barceló Lira.


Nadie pudo presagiar que el 30 de junio de 1933, el joven profesional mataría a su esposa al frente de su hijo mayor de un tiro por la espalda. Tampoco nadie intuyó que esa tragedia era el comienzo del fin para Barceló, que un día lo llevaría a enfrentar a un pelotón de fusilamiento.


Nacido en el seno de una familia aristocrática, fue el penúltimo de los once hijos que José María Barceló Carvallo, destacado abogado, ministro de la Corte Suprema hasta su muerte y ministro de Justicia del presidente Federico Errázuriz Zañartu, tuvo con Rosa Lira Carrera, nieta del prócer de la Independencia José Miguel Carrera.


Dueño de una personalidad que lo hacía víctima del juego, el derroche, las fiestas interminables y, por supuesto, las mujeres hermosas, Barceló Lira era considerado como la “oveja negra” de su familia. Claro, no tenía el temple de su hermano José María, general de Ejército y director de la Escuela Militar, que el 9 de julio de 1927 marchó al frente de sus hombres por las calles de Buenos Aires, apenas 48 horas después de sobrevivir a un horrible accidente de ferrocarril en la estación Alpatacal, cerca de Mendoza, donde 12 cadetes chilenos murieron.


Tampoco era como su hermano Luis, gran abogado, profesor de la Universidad de Chile e intendente de Tacna cuando ésta todavía era chilena. Ni tampoco como su hermano Jorge, también militar, y también director de la Escuela Militar.


Hombre alto, guapo, y agresivo conoció y entabló noviazgo con la joven Rebeca Larraín Echeverría, hija de la escritora Inés Echeverría Bello (conocida como “Iris”), nieta de Andrés Bello, primer rector de la Universidad de Chile y creador del Código Civil. Rebeca era diametralmente opuesta a su novio, retraída, tímida y sumisa. Sin embargo y a pesar de la reticencia de su padre (que se manifestó en el envío de la muchacha a Europa para que se olvidara del galán), la joven logra casarse con Barceló luego de escapar de su hogar, cosa increíble dada su personalidad.
Foto: Rebeca Larraín

A poco de contraer matrimonio la pareja tuvo las primeras dificultades. Roberto tenía problemas con el juego y el alcohol y sus infidelidades hicieron mella en la relación. La tragedia comenzó a ceñirse sobre la pareja cuando Annunziata su hija mayor, murió a los dos años a raíz de una extraña enfermedad. Tenían dos hijos más, Roberto y Rebeca.




Los “picotazos cariñosos”


La tormenta final para Barceló Lira comenzó ese fatídico 30 de junio de 1933, cuando se disponía a ir a una reunión de la Milicias Republicanas, órgano paramilitar anticomunista de derecha. Antes de salir de su hogar, ubicado en Avenida Holanda 456 esquina Irarrázaval, en Ñuñoa, el arquitecto le disparó por la espalda a su mujer en presencia de su hijo Roberto de seis años.


Inmediatamente después del disparo, el propio Barceló alerta a Carabineros y a la asistencia médica para que fueran en socorro de la desgraciada. No pudieron hacer nada. La policía detiene inmediatamente a Barceló como principal inculpado, quien desde esa fecha no pudo ver nunca más a sus hijos.


Durante el juicio, que duró casi tres años, el acusado cambia varias veces de versión, una más inverosímil que la otra. Una de las explicaciones que dio para el disparo, fue la de decir que con el revólver le daba “picotazos cariñosos por la espalda” y que el tiro salió por casualidad. En otra oportunidad, Barceló indicó que el disparo, accidental por supuesto, fue producto de un abrazo que le dio a su mujer, luego del cual el arma se disparó.


La causa del parricidio, habría sido la molestia del arquitecto con su esposa por que ésta se negó a prestarle dinero para pagar una importante deuda.


Como fuere, la justicia lo condenó a muerte. Barceló le solicitó el indulto al Presidente Arturo Alessandri Palma, quien tenía tres días para tomar una decisión. Una amplia gama de personas cercanas al asesino y a la victima, se presentaron ante Su Excelencia para convencerlo en uno u otro sentido. Sin embargo, la visita más importante (y que pasaría a la historia) sería la de la madre de Rebeca, Inés, amiga del Primer Mandatario.


Según cuenta Mónica Echeverría, en su libro “Agonía de una Irreverente”, la desconsolada madre habría amenazado de muerte al Presidente con una pistola, si es que aceptaba otorgarle el indulto a Barceló. “Si estoy frente a un cobarde, sepa usted señor Presidente de la República, que no dudaré un instante en matarlo… la historia sólo recordará a un débil que fue ultimado por una mujer”, le habría dicho.


Y es que Inés Echeverría inició una verdadera cruzada para conseguir el fusilamiento de su cuñado, incluso, publicó un libro (“Por Él”), una verdadera diatriba en contra de su yerno. Si bien podría parecer un descargo de una sufrida madre contra el asesino de su hija, hay personas que creen que la motivación de Inés, se debe más bien a la culpa.


La escritora Mónica Echeverría, en una entrevista al diario a “La Nación Domingo” (del 28 de mayo del 2006) dijo que “lo que le sucedió a Inés cuando Barceló le dispara a su hija Rebeca es darse cuenta de que ella es la culpable. Por no haberle dado a su hija el amor que necesitaba. Por no haber hecho de ella una mujer fuerte. La humilló tanto, siempre, que la entregó como un corderito para que hicieran de ella un chivo expiatorio. Para que hicieran lo que quisieran. Entonces, una manera de librarse de su culpa y autocastigarse es llegar hasta el extremo y que a su yerno lo fusilen. Ella hizo de su hija un ser muy indefenso, y la entregó al hombre que la mató”.


El dinero, el cochino dinero


La campaña de Inés, dio resultado. El 26 de noviembre de 1936 Alessandri negó el indulto, Barceló Lira sería pasado por la armas. Hubo algunos que no lo pudieron soportar, como Josefina, hermana del parricida que al enterarse de la noticia, fue fulminada por un ataque al corazón.


Durante casi toda su estadía en la Penitenciaría de Santiago, Barceló estuvo acompañado espiritualmente por el sacerdote jesuita Alberto Hurtado Cruchaga, que con el tiempo se convertiría en santo. Ambos habían sido compañeros en el Colegio San Ignacio.


El 30 de noviembre del 36’, diez para la seis de la mañana Barceló Lira, salió de su celda en compañía de su amigo cura, para enfrentar el patíbulo. Según el periodista Hernán Millas, (en su libro “Habrase Visto”) antes de separarse el arquitecto abrazó a su viejo amigo y le dijo: “ahora que voy a presentarme ante Dios, puedo confesar una vez más que soy inocente”.


Ocho minutos después, Roberto Barceló Lira murió fulminado por la ráfaga de los fusileros de Gendarmería. En el instante en que las balas fueron disparadas gritó: “!soy inocente!”.


Millas recuerda que, trabajando para la revista “Ercilla”, tuvo la posibilidad de acompañar al santo en una de sus actividades y de preguntarle acerca de Barceló. “Siempre estuve convencido de que fusilaron a un inocente”, le dijo.


Antes de morir, Barceló le pidió un favor a Hurtado: que le entregara unas cartas a su hijo mayor Roberto, cuando éste cumpliera los 21 años. A su debido tiempo el futuro santo cumplió su palabra.


“No dejes que a lo largo de tu vida te domine el interés por el dinero”, fue el principal mensaje que Roberto padre le dedicó a Roberto hijo. Consejo por lo demás, que Roberto Joaquín Barceló Larraín siguió al pie de la letra.


Se dedicó a la vida intelectual como profesor de Filosofía, principalmente en la Universidad de Chile. Estudió en Alemania y con el tiempo se convirtió en un reconocido intelectual, ejerciendo importantes cargos en el mundo académico como la rectoría de la Universidad Andrés Bello. Al igual que su hermana Rebeca, consiguió rehacer su vida, ambos se casaron y formaron familia, a pesar de que la sombra de ese 30 de junio, en parte nunca los abandonó. Quizás por eso siempre se negaron ha hablar sobre ese día de invierno de 1933.

El cara y sello de los Sex Shops


Aún cuando las personas no asumen que ingresan y adquieren productos en estas tiendas, su masificación en el barrio cívico en la actualidad refleja la concurrencia que tienen. Y pese a ser tomados a la broma por algunos, pueden llegar a ser una gran solución para otros.

Por Pablo Carvajal.




En la actualidad, Chile ha sufrido diversos cambios sociológicos. Ahora es común ver a las personas de este país a diferencia de hace un par de décadas atrás, más liberales. Lo que se corrobora por ejemplo, con la condición fundamental que tiene en estos tiempos el género femenino. En el caso de los hombres, apuestan por verse jóvenes por lo que se preocupan constantemente de sus peinados o vestuarios. Y para que hablar de los jóvenes en general, que nos sorprenden con sus modas o distintos cortes extravagantes de cabello. Sin embargo, a pesar de este cambio en la sociedad, en ella hay temas complejos, los cuales en todo nivel de edad o situación, resultan difícil comentarlos o hablar de ellos, por ejemplo, la importancia de la sexualidad en la pareja.

Según una encuesta realizada por la Fundación Futuro, el 66% de los chilenos considera que las mujeres son insatisfechas sexualmente, mientras que un 47% de los individuos del estudio, piensan que los hombres lo están. En lo que respecta a la acción sexual dentro de la pareja, un 89% de los encuestados asumió que es “muy importante”.

Datos significativos que pueden explicar en parte, porqué hoy por hoy, existen diferentes tiendas que comercializan productos sexuales como las “sex shop”, las que son apetecidas por un gran número de personas, las cuales pueden adquirir vibradores, lubricantes, películas, juegos y hasta ropa erótica. Artículos que pueden tener un valor que fluctúa entre los 2.500 y 120 mil pesos.

A pesar de la masificación de este rubro debido a la concurrencia que poseen, el vendedor Iván Gutiérrez de Solo Adultos.cl ubicado en Santa Lucía 298, menciona que los chilenos son tímidos a la hora de entrar a su tienda, “en un comienzo hay un cierto prejuicio de parte de los clientes, pero una vez que entran al local, de a poco empiezan a colocarse cómodos y observan los productos detenidamente. Al final salen comprando hartas cosas y gastan una buena cantidad de dinero”, afirma. Respecto al público más tímido, el comerciante dice que tiene una técnica,” yo dejo tranquila a la gente, les permito que escojan libremente sin ninguna presión. Pero si los veo con vergüenza por ejemplo, me acerco amigablemente para que entren en confianza y les digo que estar en un negocio así no es nada malo, ni nada del otro mundo”, comenta.

Una fuente de la tienda Multi Sex de la galería Santiago Centro, que se encuentra entre Paseo Ahumada y calle Estado, dice que los productos de este tipo son de gran ayuda para la gente, porque según su experiencia, éstos sirven para mejorar la relación de las parejas,” la mayoría de los locales de este rubro, son formados con bastante seriedad y sin morbo. Ya que muchas personas, casadas o convivientes, buscan una solución para la monotonía de su sexualidad”, explica. Agrega además que, “el público a veces llega al local, porque creen realmente que con los artículos que se venden acá pueden salvar incluso, hasta su matrimonio”, menciona.

Sexo y juego

A pesar de que las tiendas sex shops son lugares en los cuales se pueden encontrar cosas que sirven para mejorar la relación sexual en una pareja, estos artículos son usados también para jugarretas como las despedidas de solteros(as). Así lo cuenta el vendedor de Solo Adultos.cl Iván Gutiérrez, “aún cuando este es un negocio serio, que vende productos para ayudar a la sexualidad de los clientes, hay un grupo de ellos que compran los consoladores para la utilizarlos para jugar y divertirse como en las despedidas antes de un casamiento”, admite.

Un juego que podría ser sólo accesible para un determinado segmento de personas, puesto que el valor de los artículos que se venden en los sex shops es elevado. Por ejemplo, los consoladores vibradores, van desde los 9.000 hasta los 89 mil pesos. Y una muñeca inflable utilizada en su mayoría por hombres, puede llegar a costar unos $150 mil.

Sin embargo, aún cuando sean caros, igualmente estos accesorios aparecen en las fiestas a modo de broma. Angélica Sepúlveda es una consumidora de estos productos, para utilizarlos en cumpleaños o eventos de ese tipo y comenta lo simpático que son,”sacar un pene vibrador en una despedida de soltera por ejemplo, es muy entretenido. Todos se ríen a carcajadas y preguntan que en dónde lo compré”, enfatiza.

No obstante, no todas las personas que compran artículos en los sex shops, son tan liberales de pensamiento como para exhibirle al resto con toda tranquilidad que les gusta ver películas porno, o que les llama la atención las bombas para agrandar los penes. Como menciona la fuente de Multi Sex, hay miedo entre la gente respecto a este tema,” no se reconoce la necesidad de adquirir productos que sirvan para usar en la sexualidad. Y esto se debe principalmente al prejuicio que tiene el público que ve con cierta morbosidad tener un consolador guardado en el velador”, sintetiza.

Aún cuando estas tiendas que venden cosas sexuales, sean utilizadas realmente por los chilenos para solucionar los problemas de parejas o, simplemente para ser usados para el chiste. Lo claro es que cada día aumenta más la afluencia de público en estos locales, lo cuales llegan a más de 30 en todo lo que comprende el barrio cívico de Santiago, lo que confirma que el chileno, ha dejado de ser pacato a la hora de enfrentarse a la innovación en el sexo.