miércoles, 1 de julio de 2009

Carabineros de elite

Aspectos físicos, prueba de aptitudes, un concurso interno, tres años mínimo en la institución y una gran constancia son los requisitos fundamentales que tiene que poseer un carabinero que quiera pertenecer a la rama de la Guardia de Palacio, según Ernesto Cubillos oficial en retiro que integró esta sección entre el periodo de 1993 y 1998.


Por Pablo Carvajal Vargas.

Dependiente de la Escuela de Carabineros, los Guardias de Palacio, como su nombre lo indica, tienen la obligación de resguardar la Casa de Gobierno, a la Presidenta y a cada uno de sus ministros. Sin embargo, en comparación con los carabineros de servicio normal, dentro de las funcionalidades de esta labor, existen complicados procesos de admisiones, beneficios y perjuicios.

Primero que todo, como lo menciona Ernesto Cubillos, quienes quieran ser parte de esta sección deben cumplir con una antigüedad de tres años, tener una estatura mínima; 1.70 para el caso de las mujeres, 1.80 en los hombres. Además ambos individuos, deben ser esbeltos, fornidos y de buena presencia. Eso en la parte física, en la intelectual, cada funcionario postula a través de un concurso dentro de la Escuela sin importar el cargo que tengan y, por medio a una prueba de conocimientos (normas, criterios policiales, psicológicas), son seleccionados. No obstante, el oficial en retiro asegura que los atributos externos, como los corporales, son más importantes, “al dar las pruebas uno se da cuenta que a pesar de que algunos compañeros pasaban sin sobresaltos los exámenes, igualmente no eran seleccionados y eso principalmente porque para desarrollar esta función la institución apunta de todas maneras, a una buena imagen”.

Ya en La Moneda, los carabineros quedan a cargo de un capitán que los guía dentro del Palacio, dos tenientes y un par de sub oficiales. El sistema de organización es a través de turnos de 48 horas, las que se segmentan en rotaciones de puestos a cada una hora. Tras esto les corresponde un día libre, puesto que en esos dos días de trabajo tienen que dormir en habitaciones dentro del mismo palacio, “el trabajo es desde las ocho de la mañana al izar la bandera, hasta las seis de la tarde, hora en la que se baja el pabellón nacional. Los que están en el frontis parados, pasan a otras labores dentro de la Casa de Gobierno, algunos descansan, a otros les toca la vigilancia de uno de los patios y así a cada funcionario se le asigna una tarea hasta finalizar la hora laboral, en la que se procede a dormir ahí mismo en el Palacio”. Afirma el policía retirado.

Beneficios y Perjuicios


Aún cuando el proceso de postulación para llegar a ser un Guardia de Palacio es complejo, el integrar esta sección viene acompañado de algunos beneficios, como el económico y el familiar. “Obviamente al realizar esta función contempla un incremento en el sueldo, este es de un 35% en relación con el cargo que se tenga al momento de componer la seguridad en La Moneda”, enfatiza Cubillos, agrega además que , “otro punto favorable, tiene relación con la tranquilidad que significa para los seres queridos, ya que siendo un Guardia, no se arriesga la vida como lo hacen otros compañeros que tienen que estar en las calles combatiendo el crimen”.

Sin embargo, no todo es perfecto, “una de las cosas que más fastidiaba cuando pertenecí a la Guardia de Palacio, eran esos interminables turnos, quedaba cansado y sólo tenía un día libre. Lo otro es que uno echa de menos estar en la calle, la acción que esto conlleva, uno se hace carabinero para ese tipo de cosas”, dice.

Honores y anécdotas

Lo que contempla este punto suele ser lo más llamativo de la Guardia de Palacio. Sus presentaciones en cada Cambio de Guardia son un espectáculo para los Santiaguinos y turistas que se apostan en la Plaza de la Constitución. Personas que se deleitan a cada 48 horas a las 10 de la mañana, que es el periodo de un cambio con otro, en donde los carabineros realizan una ceremonia institucional desde 1936. A esta, se suma el cortejo hacia la Presidenta de la República el cual se ejecuta cada lunes a las ocho de la mañana.

Otro aspecto llamativo es el mito de los Guardias que se colocan parados en el frontis, en relación a que no pueden moverse, ni siquiera responder a alguna agresión, “eso no es un mito, la verdad es que no podemos movernos, responder preguntas ni golpes. Para eso está un sub oficial siempre resguardándonos en caso de que eso se produzca. Pero nosotros no podemos reaccionar”, enfatiza el ex uniformado.

Los carabineros pueden ser Guardias de Palacio todo el tiempo que ellos gusten o hasta que sus superiores así lo estimen. Sin embargo, hay un requisito primordial para mantener el puesto un largo tiempo, “para cuidar la pega (sic), lo que más debes cuidar es la facha, ya que sin ella, la carrera como Guardia te durará menos que un suspiro, siempre hay que mantener la buena presencia” concluye Ernesto Cubillos, oficial en retiro y ex Guardia de Palacio.










La llama que se apagó

Martín Romero E.

Se podrán decir muchas cosas malas acerca de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, salvo, que era un megalómano. Durante casi los 30 años que estuvo en la primera línea del poder, sólo en contadas ocasiones cometió ese tipo de exabrupto.

Tal vez en 1981 cuando se auto ascendió a capitán general (5 estrellas), rango militar que sólo había ostentado O’Higgins, o tal vez cuando se comenzó a construir en Lo Curro la fastuosa casa que sería albergue de los Presidentes de la República (y que costó millones de dólares cuando en Chile la pobreza superaba el 35%), pero pare de contar.

Tanto Pinochet como las Fuerzas Armadas no querían emular a sus colegas del resto del continente, que no trepidaban en colocar su nombre en plazas y ciudades y su rostro y cuerpo en cientos de estatuas. El pudor “portaliano” pudo más que los Trujillo, Somoza, Franco y Stroessner.

Sin embargo esto no aconteció en lo que respecta al régimen, que el capitán general comandó por 16 años y medio. Ése como supuestamente nos había salvado de la debacle social, económica, política y moral en 1973, merecía con todas las de ley ser celebrado como correspondía.

Primero, los 11 de septiembre pasaron a ser feriados legales. El tradicional mensaje del 21 de mayo que el Presidente daba ante el Congreso Pleno, fue trasladado a ese día, con cadena nacional y todo. Segundo, una de las principales calles capitalinas pasó a llevar el nombre del día de la gesta heroica: Avenida 11 de septiembre se la conoce hasta ahora, y seguirá así por muchos años ya que el alcalde de la comuna que la alberga (Providencia) ha dicho en reiteradas ocasiones que va a mantener el nombre tal y como está.

(Nada que alegar, el alcalde es uno de los últimos fieles. Fue jefe de escolta de Pinochet y secretario general de Gobierno de la mentada administración).

Pero la más polémica de las obras que se erigieron para celebrar el 11 de septiembre fue una que se ubicó en plena Alameda, en su sector sur, frente al palacio de La Moneda custodiando, además, los restos del libertador Bernardo O’Higgins: se le llamó la Llama de la Libertad.

Ésta era una especie de plato de metal que mantenía viva una llama (que se encendía a punta de gas) sobre un rectángulo que se erguía por sobre el metro del suelo. Por debajo de ésta, un mausoleo de mármol blanco italiano cobijaba a los restos de O’Higgins.

Completaba el cuadro arquitectónico una estatua del libertador a caballo, a pocos metros del lugar, del escultor chileno Nicanor Plaza y del francés Carrier Beluse que representaba a O’Higgins en plena batalla de Rancagua, sable al viento.

Todo esto constituía el “Altar de la Patria” en memoria de la independencia de la nación.
La inauguración de la llama en sí, o sea el plato, se produjo el 11 de septiembre de 1976, con jóvenes universitarios y cadetes de la Fuerzas Armadas que tuvieron el “honor” de encenderla ante el propio Pinochet. Antes de eso y en espera de las remodelaciones que hicieran posible su instalación, estuvo (ya encendida) en el cerro Santa Lucía.

Fue por excelencia el símbolo del gobierno de Pinochet todas las manifestaciones de apoyo (o de rechazo) tenían como punto central la Llama; en innumerables ocasiones individuos o grupos de izquierda (sobre todo ya en democracia) trataron de apagarla burlando la guardia de Carabineros que siempre resguardó el lugar.

Fue, como sucede muchas veces, un símbolo arquitectónico que mezcló arte con política y con una época.

Luego de terminado el gobierno de Pinochet la Llama concitó la polémica entre defensores y detractores del capitán general y su obra. Por años diputados y senadores de la Concertación expresaron la conveniencia de que por una vez por todas, la mentada llama se apagase.

La excusa para ello llegó tras un recorte presupuestario que sufrió la Secretaría General de Gobierno, quién se hacía cargo del pago del gas que se utilizaba para mantener el fuego de la llama. Los cuatro y medio millones de pesos que costaba la manutención, resultaban demasiados para la entonces administración.

Pero el definitivo golpe mortal llegó tras el anunció de que se reconstruiría todo el sector de Alameda Sur para hacer una “Plaza de la Ciudadanía”. En el nuevo diseño, no había Llama ni “Altar de la Patria” y los restos de O’Higgins serían puestos en una especie de mueso subterráneo en el mismo lugar, pero remodelado.

En una ceremonia efectuada el lunes 18 de octubre de 2004, el Ejército retiró los restos del libertador de su mausoleo blanco, envuelto en la bandera y a los sones del himno nacional con rumbo a la Escuela Militar, donde fueron cobijados por algunos meses.

Una semana después la llama fue apagada y sacada del lugar por el inicio de las obras.
Luego de la reconstrucción del lugar (principios del 2006) sus restos fueron nuevamente depositados en el subsuelo del lugar, que ahora está abierto al público, en una cripta que también incluye un pequeño museo. La estatua de O’Higgins a caballo se conservó y está a un costado de la plaza hacia calle Zenteno, al frente del edificio de las Fuerzas Armadas.

La Llama de la Libertad pasó a mejor vida. En medio de la polémica que significó su salida del “Altar de la Patria”, el Ejército se hizo cargo de ella, custodiándola (apagada eso sí) en la Escuela Militar en busca de su lugar de residencia definitivo. Según fuentes del instituto armado lo más probable es que se traslade al Museo Histórico Militar que se ubica en calle Blanco Encalada.
Final triste para una llama que sus ideólogos pretendían tener siempre encendida, siempre alerta, siempre guardián. Pero era demasiado polémica, demasiado.

martes, 23 de junio de 2009

Plaza de la Constitución: un día normal

Martín Romero E.

Jueves 4 de junio, 15 horas. Día soleado a pesar de estar en pleno otoño. Lugar: Plaza de la Constitución, centro neurálgico cívico y económico del país. Día de trabajo normal en espera del fin de semana, hora no muy normal ya que los miles de trabajadores de los bancos, de la administración pública y del comercio vuelven a sus labores luego de un reconfortante almuerzo (y en la mayoría de los casos) un buen cigarro.


Miles de personas con tranco rápido que conversan, que gesticulan, que ya piensan en las próximas horas de les esperan por delante, que pasan indiferente por delante de los que no conocen. Indiferentes a un perro que a esa hora, a pasos de la estatua del Presidente Jorge Alessandri, duerme sin preocupaciones.

Sin preocupaciones como una pareja de ¿esposos?, ¿novios?, ¿amantes?, que en una escalinata aprovecha el tiempo comiendo un sándwich y aprovechando entre mascada y mascada para robarse alguno que otro beso.

Gente, mucha gente que trata de esquivar los cientos de metros de rejas que cercan la plaza en precaución de protestas y manifestaciones que a esa hora no se avizoran. Rejas que además cercan, de manera increíble, las estatuas que se yerguen oscuras y solemnes por sobre la plaza. La de Eduardo Frei Montalva, en proceso de remodelación ya que unas baldosas estaban sueltas, la de Salvador Allende homenajeada en el aniversario del Partido Comunista.

Portales, el constructor de la República, y un monolito a Carrera, ese que siempre se olvida a favor de O’Higgins, también tienen su lugar en la plaza aunque secundario y desapercibido.
Salvo por los autos que atraviesan por el frente del Palacio de La Moneda por calle Moneda, no hay vehículo alguno en la plaza, lo que contrasta con el espíritu original con la que se ideó el lugar: un amplio estacionamiento para los autos de las autoridades oficiales. Pero eso no va más, cuando se reconstruyó el lugar luego del bombardeo de 1973 se decidió que los autos debían estacionarse en un subterráneo de La Moneda, celosamente vigilado por Carabineros.


Un día normal de pleno trabajo, en pleno centro cívico, en el que también se entrelazan los turistas que desean tomar una foto para la posteridad frente al palacio de Gobierno, “casa donde tanto se sufre” como lo confesó un ex Presidente ya hastiado hacia el final de su mandato, de ver siempre el mismo lugar, la misma plaza.

De paseo entre nosotros: Las dos caras de la Plaza de Armas

Mauricio Marcolini

Sin duda cientos de veces pasé por la Plaza de Armas, pero nunca había notado que más que una fotografía es una perfecta cinta de nosotros, la cual se repite día tras día transformándose en uno de los lugares que mejor representa al santiaguino promedio. Allí lo pintoresco de nuestra cultura se mezcla con la realidad de nuestro país en sólo unos cuantos metros de cemento.
Comienzo mi paseo desde la esquina sur poniente (Compañía con Ahumada) y lo primero que encuentro es la estación de metro Plaza de Armas. Por su costado pasa el fiel reflejo de aquello que muchas personas de región odia de nuestra querida capital. Toneladas de gente que camina a rauda velocidad, con cara de preocupación y afirmando fuertemente sus carteras, es decir: estrés… una valía totalmente santiaguina.
Luego al entrar a aquella galería de arte callejero recuerdo cuando caminaba en mi adolescencia con un primo por allí. Asombrado por el talento de los pintores que tenían un sin fin de perfectas caricaturas de celebridades, él decide inmortalizar su imagen pagando 1500 pesos a uno de los artistas.
Cuando el tipo termina el dibujo lo veo y rio a carcajadas, no se parece en nada a Rodrigo y ustedes comprenderán que a los 15 años esa cantidad de dinero te permitía poner tres veces tu parte de la “vaca” que hacíamos en cada carrete para comprar bebidas y papas fritas, por lo que mi primo intentó increpar al talentoso artista para que le devolviera su dinero, lo cual finalmente no tuvo ningún fruto.
Continúa mi travesía y veo un grupo de aproximadamente cinco lustrabotas, lo que trae a mi mente otro gran recuerdo. Cuando tenía aproximadamente 14 años una exuberante mujer “rubia” que lustraba sus botas color café en la misma Plaza de Armas, me dijo con gran fuerza: “washito cuando grande vai’ a ser mío” mientras yo pasaba a su lado.
Iba sólo y era aún más tímido que hoy por lo que mis nervios y candidez pudieron más que la emoción de que tan “guapa” mujer me dijera esas palabras, así que no pude volver por ella y besarla como hubiera querido.
Lamentablemente aquel lindo recuerdo se evaporó rápidamente. Los cánticos, discursos y gritos de ese hombre me causan escalofríos. No logro entender como tres viejitos lo escuchan con tanta atención, pero son tan ancianos que me esperanzo al creer que ya no pueden oír.
Rápidamente giro y cambio mi camino para evitar acercarme más a aquella escena de la cual no daré más detalles, ya que sin duda quien lea estas líneas sabrá a qué me refiero.
Así me encuentro con unos pequeños ponis, esos caballitos que seguramente muchos niños en algún paseo con sus padres por la antigua Plaza de Armas, quisieron llevarse en una foto sacada por nuestro criollo Don Ramón y su vieja cámara fotográfica.
Al continuar mi paseo el humor se hace presente su expresión más autóctona. El hermano del conocido humorista “El Flaco” realiza hace años una rutina con su compañero, la cual tiene el mismo estilo que aquel que llevó a los Dinamita Show a la cumbre del espectáculo nacional años atrás.
La única pero marcada diferencia es que en la calle no hay censura por lo que es mejor mantenerse en la parte trasera aquel círculo y rezar que no seas tú a quien elija ese sagaz comediante para satisfacer las risas de los demás.
Pero cuidado que mientras los humoristas hacen salir con fuerza gigantes carcajadas en los espectadores, los magos que pasan por atrás hacen desaparecer milagrosamente sus billeteras.
Continúo mi paseo y me retuerzo al escuchar tan sólo cinco palabras: “tío me saca una foto”, volteo y ahí esta, el típico doce añero “cimarrero”.
“No”, le digo sin siquiera pensar por un segundo en darle el gusto, “¡ya po!”, insiste, ¡no!, digo más fuerte, ¡ya po! y esta vez agrega una linda cara de estúpido.
“¿Para qué quieres una foto si no la vas a ver?” pregunto… “pa que si no más po” concluye… obviamente al escuchar aquello quedé totalmente convencido debido al propósito de mi recorrido de que debía guardar memorable momento.
Luego volteo y miro el edificio de Correos de Chile, sobre él una luz incandescente me ciega, por lo que pienso que seguramente fue un mensaje divino toparme con este angelito de Dios.
Me detengo un momento y decido dirigirme hacia el oriente y la historia comienza a cambiar, pero no antes de pararme en frente de un magistral caballo gris que se encuentra en la esquina de Catedral con Santo Domingo. A lo mejor no tiene atractivo para ustedes, pero cuando era chico me gustaba bastante y como es mi historia, puedo escribir lo que quiera.
Volviendo a mi historia, como les conté las cosas comenzaron a cambiar entre más subía. De todo aquel movimiento que encontré en el poniente de la Plaza de Armas, su opuesto parece estar más bien muerto.
Todo comienza con aquella especie de cúpula que alberga a pacientes hombres capaces de mirar por horas unas 20 piezas desparramadas en un tablero e ajedrez Estos deportistas sin duda aprendieron el arte de callar.
Camino sólo unos pasos más y el panorama se pone aún peor. Las bancas infestadas de personas que miran el horizonte sin nada que hacer. Ellos permanecen allí durante horas, en ocasiones hasta reconoces sus rostros, los que tristemente no irradian mucha alegría.
Finalmente y con esto decido cerrar el recorrido por aquel lugar, encuentro a este triste amigo que ya parece humanizado con el panorama que vive a diario en este cuadrado del centro de la capital. Ni siquiera quiere mirar la cámara cuando intento fotografiarlo, aquel es sin duda el gran representante de este lado de la Plaza de Armas.


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El barrio Cívico, un lugar de integración cultural

Mauricio Marcolini

El barrio cívico ha sido siempre cuna de nuevas tendencias. A través de su historia y evolución hemos podido observar los cambios que han transformado a Santiago en una urbe multicultural.
Comenzó primero con el gran aumento de sudamericanos quienes en su mayoría provenientes de Argentina y Perú, se fueron mezclando entre los chilenos por las céntricas plazoletas. La razón de su llegada se basó principalmente en el hecho que buscaban dejar las malas condiciones de vida que tenían es su país, siendo Chile el destino en cual decidieron buscar una nueva oportunidad.
Así comenzamos a ver diariamente a personas de color negro o a escuchar aquellos extraños acentos que ya se han mezclado entre nosotros, pero que hace 15 años hubieran llamado notoriamente la atención.
Pero el flujo de extranjeros no se estancó en la llegada de latinos buscando una nueva vida, por el contrario, dio un gran giro albergando a personas totalmente diferentes. De esta manera, una gran cantidad de jóvenes de entre 18 y 30 años le dieron un nuevo giro al intercambio cultural existente en el centro de Santiago.
Europa, Estados Unidos y Australia fueron de pronto e inesperadamente las principales fuentes que exportaron ciudadanos a nuestro país, creando el último punto a través del cual el barrio cívico se transformó definitivamente en el sitio cosmopolita de nuestra capital.

Una nueva cultura
Hoy en día no es extraño ver en los supermercados del centro una gran cantidad de jóvenes caucásicos intentando elegir entre la gran variedad de vinos que hay a la venta, su idioma nos hace pensar “seguramente son estadounidenses” pero contrario a esto, en su mayoría son europeos y australianos.
Generalmente no tienen más de 30 años, viajan solos y no saben mucho de Chile, llegan aquí sólo en su afán de conocer Sudamérica.
Frente a esta posibilidad, todos señalan a nuestro país como primera alternativa de visita ya que es sabido en sus países que aquí encontrarán un sitio sumamente seguro dentro de la región.
Wievke Scholz es una chica de 24 años, de piel blanca, pelo negro y ojos azules. Su español es casi perfecto, aunque no ha podido disfrazar el tono “agringado” que la identifica a la brevedad.
Ella es alemana y decidió venir a nuestro país porque se enteró por una amiga que nos había visitado que aquí encontraría una gran variedad de paisajes, lo cual luego de se segunda visita, recalca airosamente. “Me encanta Chile, sobre todo Torres del Paine y Puerto Varas.” Señala.
A la vez nos cuenta que la mayoría de sus compatriotas vienen a nuestro país porque es un paso obligado entre Europa y Oceanía.
Ésta es la razón que trajo a Hitasch Masdri a Santiago. Él trabajó durante un año en un banco Londinense para poder recorrer el mundo.
Tras su paso por Tahití, Camboya e Isla de Pascua, llegó a nuestra capital hospedándose por razones económicas en una hostal en el Barrio Cívico.
Señala que antes de venir no tenía conocimiento alguno del país y se sorprende al ver que es “muy desarrollado”. Cree que nuestro metro es uno de los mejores del mundo y no logra entender como en la calle hay tantas parejas besándose. Finalmente recomienda a los europeos visitarnos, pero en ese momento se queja al recordar que no ha podido respirar debido a la polución.Distinto es el caso de Daniel. Su madre chilena dejó sus raíces y se caso con un estadounidense. Esta razón ha traído a este chico de 22 años a Chile en reiteradas ocasiones.
Aquí, trabaja en una hostal para extranjeros, aprovechando de aprender algo de español y a la vez juntar algo de dinero.
Al responder qué es lo que sabía del país antes de su primera visita, se ríe a carcajadas ya que según cuenta, cuando le dice a sus amigos de New York que está acá, ellos le dicen “¿¡Chile!?... pero si ahí no comida, niños no ropa.”Esto sin duda es una realidad y muchos de los extranjeros que llegan diariamente creen que nuestra realidad es parecida a la que se vive en países tan pobres como los africanos. Al irse su visión es totalmente distinta y en la mayoría dice “Santiago es igual que Europa.”
Es de esta manera que se vive en el Barrio Cívico este nuevo fenómeno que llena las hostales del sector dejándolas sin una cama disponible. A la vez genera un gran intercambio cultural en una ciudad, que a través de este barrio sigue abriéndose camino hacia la globalización.


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http://www.spanish.hostelworld.com/index.php?source=googleadwordses&gclid=CKjl1be2oJsCFRlinAodDDQRDQ página de hostales

lunes, 22 de junio de 2009

Un viaje a la punta del cerro

Ubicado en el corazón del centro de Santiago, el cerro Santa Lucía llamado en sus orígenes como “Huelen” (que significa dolor, tristeza en mapudungun), por los indios que habitaban la zona, hoy en día es uno de los centros más visitados en dentro del barrio cívico, por sus amplios espacios de áreas verdes, sus vistas panorámicas y la tremenda historia que envuelve a este gran símbolo de belleza inserto entre smog y altos edificios de la capital chilena. Acá una visita y una descripción en una carilla de más de 500 años sobre el testigo presencial de gran parte de la historia de Chile.




Era el año 1540, y Pedro de Valdivia se tomaba el cerro junto con su milicia, y lo bautizó el 13 de diciembre como Santa Lucía. Atrás quedaba el dominio de los indios aborígenes y con ello el antiguo nombre que tenía esta colina, Huelen, que fue utilizada inicialmente por los españoles como un punto de combate estratégico, puesto que su gran altura servía para divisar la presencia enemiga.




Dos meses más tarde, específicamente el 12 de febrero de 1541, el primer gobernador de Chile, Pedro de Valdivia fundó en esa misma localidad, a Santiago del Nuevo Extremo. Desde ahí en adelante, el cerro forjó sus primeros acontecimientos, los que al paso de los años se repetirían incansablemente.



Sin embargo, a pesar de la importancia que se le dio en su fundación, posteriormente el Santa Lucía comenzó a quedar en el olvido desaprovechándose esa inmensidad de belleza natural, siendo utilizado sólo con fines militares. No obstante, debido a la futura celebración del centenario de Chile (1910) se realizaron diversos trabajos de renovación para el cerro, como la implementación de nuevos accesos, la construcción de una capilla y un amplio proceso de reforestación, que incluyó el injerto de tierra vegetal, árboles de distinto tipo y arquitectura para la recreación de los ciudadanos, como las fuentes y plazas. Todo este proyecto estuvo encabezado por el en ese entonces, (1872-75) intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna.




Hoy en día, el Santa Lucía deslumbra a todos los santiaguinos con todas esas modificaciones de antaño, en un viaje al pasado y las infraestructuras de siglos anteriores. En primer lugar, antes de ingresar a este coloso del Barrio Cívico, se debe firmar un registro de visitas, que se sitúa en una de las principales fuentes del cerro.



Enseguida de firmar como saliendo de la penitenciaría, comienzan las interminables escaleras, la primera de ellas, con llegada a el patio más grande del ex “huelen”, la plaza Neptuno que me hizo botar unas lágrimas al recordar el final de “Amor Ciego 2 ” (dating show de Canal 13). Ya un poco sudando por los largos caminos que contiene el cerro, un se inserta en lo que era el tiempo de la colonia en Chile con los antiguos caminos que hasta hoy se pueden ver y las escaleras que para llegar a los siguientes sectores, que son las mismas construidas en el proyecto de Benjamín Vicuña Mackena.




Luego de eso, ahora sí más cansado que nunca y recordando el porqué pienso realmente en hacer una dieta, llegué a uno de los patios más admirables del Santa Lucía, la Terraza Caupolicán, la que está integrada por diversos tipos de árboles y cañones que recuerdan que estamos parados ante un ícono insigne de la historia de Chile y unos cuantos aparatos que con cien pesos permiten apreciar la panorámica de todo Santiago. Además de la belleza del frontis del Castillo Hidalgo creado para ser utilizado como defensa en tiempos de guerra.




Ya a pocos metros de conseguir el objetivo, ( que a esa altura me estaba costando el dolor de mis dos piernas por el cansancio), comienza el vértigo y el tiritón del cuerpo nuevamente por inmensas escaleras que me hacían pensar en elegir otro sitio del barrio cívico, por sentir que se está encima de todos los edificios de la capital. Sin embargo al fin, ya eso sí, bien al final del viaje, me di cuenta que el esfuerzo había valido y sentí literalmente que mojé la camiseta para lograrlo, la cima del cerro que dejó mis ojos maravillados por tan esplendido paisaje, que excepcionalmente, se encontraba libre de smog con una brisa, raramente pura. Elementos que me dieron a entender, las razones de porqué fue declarado monumento nacional el 16 de diciembre de 1983 bajo un Decreto del Ministerio de Educación.





jueves, 28 de mayo de 2009

Un barrio cívico con “piernas”

En pleno centro político y económico del país se levanta una subcultura de mujeres en pequeños bikinis, música al máximo volumen y de café bien caliente.

Martín Romero E.

El café con piernas es una especie de tradición chilena la cual con el tiempo se ha transformado casi en orgullo patrio. Cientos de hombres, todos los días dedican buena parte de su tiempo (laboral, por lo demás) y de dinero en tomarse un café en compañía de una exuberante dama vestida con diminutas prendas.

Tamaña actitud es digna de un buen análisis sociológico, porque basta una sencilla pasada por estos centros del buen beber (y ver) para darse cuenta que la imagen idealizada de estos locales (o sea la de las minas más exquisitas de Chile y del universo), no es más que una exageración.

No se puede decir otra cosa, exageración. Porque pasar una hora diaria con un grupo de mujeres, que si bien casi no están vestidas, no son más que las tienen en la casa es digno de estudio. Yo propongo tres tesis: 1.- La descomunal cantidad de porno que el hombre promedio chileno consume, que lo hace necesitar dosis diarias de mujeres desnudas. 2.- La calentura propia del hombre y 3.- La estupidez propia de uomo qualunque chilensis.

Son las 11 de la mañana de un lunes, y a pasos del Paseo Ahumada se encuentra la Galería Comercial Santiago Centro, que al momento de su construcción se pensaba como “el” gran centro comercial del barrio cívico capitalino. En su subterráneo, cosa que me parece no estaba prevista por los capitostes del edificio, hay una gran cantidad de cafés con piernas.

En uno cuantos metros cuadrados hay 10 de estos locales que comparten espacio con tiendas de ropa, de deportes, relojerías y farmacias.

En pleno horario laboral (o por lo menos es así en cualquier país decente del mundo) tres hombres bien vestidos se aprestan a entrar al café “Ikabarú”. Se nota que no es la primera vez que entran al local, ya que al hacerlo saludan a una de las señoritas que atienden la barra, que por lo que escuché (yo entré detrás de los susodichos) se llama Marcela.

-Es tu primera vez aquí- dispara Jessica, al verme en la barra.

-SI- digo mintiendo en forma descarada.

-¿Un cafecito?, guapo- me dice.

-Ya- expreso con voz media irónica. (A qué iría alguien a un café, aunque sea con piernas, si no es para tomarse un café pienso en el silencio).

La música está fuertísima, puro reggaetón, o sea ese tipo de canciones en que el macho caribeño le dice a su mujer cosas como: “te lo voy a hacer por teléfono”, “te lo voy a hacer con ropa”, “te lo voy a hacer por detrás” (juro que así rezaba una canción que escuché ahí).

-¿Por qué estás acá?- le pregunto a uno de los tres tipos que entraron al local antes que yo .
-Para relajarme, es bueno empezar la semana así-, me dice medio riendo y echándole una mirada a Jessica que se acerca con mi café y un vaso de agua helada.

-¿Por qué trabajas aquí?- inquiero.

-No ganaría la plata en otro lado, y uno tiene que vivir de algo ¿no?

Lo que dice es medio esquizofrénico porque, por un lado está contenta con el dinero que gana, pero el tono en que lo dice da a entender que preferiría trabajar en algo mejor.

-¿Tienes hijos?, le digo.

-No, ni marido tampoco- me responde en forma sexy. Reconozco hidalgamente que ese momento centré mi atención en su pequeño bikini verde fosforescente, que a la imaginación mucho no dejaba.

Jessica igual es guapa, tiene lo suyo. Y como el parroquiano anterior me dice que los hombres van al café para pasar el rato, -desestresarse y compartir con las chiquillas- (sic).

Esa es la cuestión: el hombre chileno está tan estresado por ser padre, esposo y sustento de la familia, que necesita de un tiempo para sí mismo y como la oración y la penitencia no son suficientes, tomarse un café con una mina medio en pelota es de gran consuelo.

Veinticinco para las doce y el café está al tope, estoy todo apretujado. El humo y la música me tienen podrido, ya es hora de irme.

A la salida doy una vuelta por el subterráneo de la Galería y converso con los otros locatarios sobre lo que significa compartir el espacio con este tipo de locales. Antes de hacerlo pienso que la cohabitación es horrible, asaltos, intentos de violación, drogadicción, Carabineros por montón y a cada rato.

De nuevo todo es una exageración. –Mira aparte de la música fuerte, no pasa nada- me dice la dependiente de una farmacia naturista, remedios homeopáticos y cosas así. Más allá en una tienda de ropa para hombres un tipo gordo me dice más menos lo mismo, -te mentiría si te digo lo contrario- expresa.

En la galería centro aparte del “Ikabarú” están, el “Bahía”, el “Bubalú”, el “Ipanema”, 2 “Internacional”, 2 “Alibabá” y 2 “Kako´s”.

Ahora, si usted amable lector se encuentra lejos de la Galería Comercial Santiago Centro, le ofrezco sin cargo una guía, cual Turistel, para que ubique en pleno centro su lugar de descanso “con piernas”.

En la galería Alessandri (que da hacia Agustinas y Huérfanos) están el “Paraíso”, (que ofrece un show de cuerpos pintados) y dos locales del “Alibabá”. En Teatinos se encuentran el “Scorpio” (Nº 428), el “Brasil” (Nº471) y casi llegando a Catedral están “Mr. Cofee”, “De Phe a Pha” y el “Ipanema”. Estos tres últimos son atendidos por mujeres infinitamente feas y “lanzadas”, según un periodista que trabaja por ahí.

En Huérfanos 1373 en una galería comercial al frente de la Superintendencia de Seguridad Social, están el “Jany” (que cambia de administración el 9 de octubre) y el “Fiera” (al que después de las 20 horas, sólo se puede acceder por el Pasaje Rosa Rodríguez). Para finalizar, en Amunátegui están el Latino (al costado de la Torre Entel) y el Alibabá (Nº269), el único café con piernas cuyas puertas no son de vidrio polarizado sino de madera.

El arquitecto de la muerte

Roberto Barceló Lira quien ideó el edificio donde se alberga el diario “La Nación”, es uno de los pocos hombres que ha sido fusilado (por lo menos legalmente) en Chile. Aquí su historia que terminó en plomo, en la cual se entreteje a lo más granado de la aristocracia chilena.

Martín Romero E.

Según dicen las obras tienen invariablemente algo de sus creadores. No en vano éstos dejan en ellas no sólo tiempo y energías, sino que también alma, pasión y deseo.


Ahora, ¿qué pasa si el creador tiene algo de siniestro? (O lo es completamente). ¿Su obra lo será?


Emplazado en pleno “Barrio Cívico” se encuentra el diario “La Nación”. Desde la Plaza de la Constitución, y producto de los árboles que dan hacia su frontis, casi es imposible verlo, sólo se lo ve si se pasa por la calle en donde se encuentra el edificio que lo alberga: Agustinas 1269.


La Construcción de este edificio se demoró dos años de 1928 a 1930. La obra se enmarcó dentro de la construcción de dicho “Barrio” en pleno gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. El nuevo edificio, que acaparaba casi toda la cuadra de Agustinas entre Teatinos y Morandé, reemplazaba a la antigua casona que alojaba al periódico cuando éste seguía estando en manos del político liberal Eliodoro Yáñez, “El Maestro”, como se lo conocía.


En 1927 “La Nación” pasa a manos del Estado y en el gobierno se decidió que el matutino debía tener una nueva casa, para lo que se contrató al arquitecto Roberto Barceló Lira.


Nadie pudo presagiar que el 30 de junio de 1933, el joven profesional mataría a su esposa al frente de su hijo mayor de un tiro por la espalda. Tampoco nadie intuyó que esa tragedia era el comienzo del fin para Barceló, que un día lo llevaría a enfrentar a un pelotón de fusilamiento.


Nacido en el seno de una familia aristocrática, fue el penúltimo de los once hijos que José María Barceló Carvallo, destacado abogado, ministro de la Corte Suprema hasta su muerte y ministro de Justicia del presidente Federico Errázuriz Zañartu, tuvo con Rosa Lira Carrera, nieta del prócer de la Independencia José Miguel Carrera.


Dueño de una personalidad que lo hacía víctima del juego, el derroche, las fiestas interminables y, por supuesto, las mujeres hermosas, Barceló Lira era considerado como la “oveja negra” de su familia. Claro, no tenía el temple de su hermano José María, general de Ejército y director de la Escuela Militar, que el 9 de julio de 1927 marchó al frente de sus hombres por las calles de Buenos Aires, apenas 48 horas después de sobrevivir a un horrible accidente de ferrocarril en la estación Alpatacal, cerca de Mendoza, donde 12 cadetes chilenos murieron.


Tampoco era como su hermano Luis, gran abogado, profesor de la Universidad de Chile e intendente de Tacna cuando ésta todavía era chilena. Ni tampoco como su hermano Jorge, también militar, y también director de la Escuela Militar.


Hombre alto, guapo, y agresivo conoció y entabló noviazgo con la joven Rebeca Larraín Echeverría, hija de la escritora Inés Echeverría Bello (conocida como “Iris”), nieta de Andrés Bello, primer rector de la Universidad de Chile y creador del Código Civil. Rebeca era diametralmente opuesta a su novio, retraída, tímida y sumisa. Sin embargo y a pesar de la reticencia de su padre (que se manifestó en el envío de la muchacha a Europa para que se olvidara del galán), la joven logra casarse con Barceló luego de escapar de su hogar, cosa increíble dada su personalidad.
Foto: Rebeca Larraín

A poco de contraer matrimonio la pareja tuvo las primeras dificultades. Roberto tenía problemas con el juego y el alcohol y sus infidelidades hicieron mella en la relación. La tragedia comenzó a ceñirse sobre la pareja cuando Annunziata su hija mayor, murió a los dos años a raíz de una extraña enfermedad. Tenían dos hijos más, Roberto y Rebeca.




Los “picotazos cariñosos”


La tormenta final para Barceló Lira comenzó ese fatídico 30 de junio de 1933, cuando se disponía a ir a una reunión de la Milicias Republicanas, órgano paramilitar anticomunista de derecha. Antes de salir de su hogar, ubicado en Avenida Holanda 456 esquina Irarrázaval, en Ñuñoa, el arquitecto le disparó por la espalda a su mujer en presencia de su hijo Roberto de seis años.


Inmediatamente después del disparo, el propio Barceló alerta a Carabineros y a la asistencia médica para que fueran en socorro de la desgraciada. No pudieron hacer nada. La policía detiene inmediatamente a Barceló como principal inculpado, quien desde esa fecha no pudo ver nunca más a sus hijos.


Durante el juicio, que duró casi tres años, el acusado cambia varias veces de versión, una más inverosímil que la otra. Una de las explicaciones que dio para el disparo, fue la de decir que con el revólver le daba “picotazos cariñosos por la espalda” y que el tiro salió por casualidad. En otra oportunidad, Barceló indicó que el disparo, accidental por supuesto, fue producto de un abrazo que le dio a su mujer, luego del cual el arma se disparó.


La causa del parricidio, habría sido la molestia del arquitecto con su esposa por que ésta se negó a prestarle dinero para pagar una importante deuda.


Como fuere, la justicia lo condenó a muerte. Barceló le solicitó el indulto al Presidente Arturo Alessandri Palma, quien tenía tres días para tomar una decisión. Una amplia gama de personas cercanas al asesino y a la victima, se presentaron ante Su Excelencia para convencerlo en uno u otro sentido. Sin embargo, la visita más importante (y que pasaría a la historia) sería la de la madre de Rebeca, Inés, amiga del Primer Mandatario.


Según cuenta Mónica Echeverría, en su libro “Agonía de una Irreverente”, la desconsolada madre habría amenazado de muerte al Presidente con una pistola, si es que aceptaba otorgarle el indulto a Barceló. “Si estoy frente a un cobarde, sepa usted señor Presidente de la República, que no dudaré un instante en matarlo… la historia sólo recordará a un débil que fue ultimado por una mujer”, le habría dicho.


Y es que Inés Echeverría inició una verdadera cruzada para conseguir el fusilamiento de su cuñado, incluso, publicó un libro (“Por Él”), una verdadera diatriba en contra de su yerno. Si bien podría parecer un descargo de una sufrida madre contra el asesino de su hija, hay personas que creen que la motivación de Inés, se debe más bien a la culpa.


La escritora Mónica Echeverría, en una entrevista al diario a “La Nación Domingo” (del 28 de mayo del 2006) dijo que “lo que le sucedió a Inés cuando Barceló le dispara a su hija Rebeca es darse cuenta de que ella es la culpable. Por no haberle dado a su hija el amor que necesitaba. Por no haber hecho de ella una mujer fuerte. La humilló tanto, siempre, que la entregó como un corderito para que hicieran de ella un chivo expiatorio. Para que hicieran lo que quisieran. Entonces, una manera de librarse de su culpa y autocastigarse es llegar hasta el extremo y que a su yerno lo fusilen. Ella hizo de su hija un ser muy indefenso, y la entregó al hombre que la mató”.


El dinero, el cochino dinero


La campaña de Inés, dio resultado. El 26 de noviembre de 1936 Alessandri negó el indulto, Barceló Lira sería pasado por la armas. Hubo algunos que no lo pudieron soportar, como Josefina, hermana del parricida que al enterarse de la noticia, fue fulminada por un ataque al corazón.


Durante casi toda su estadía en la Penitenciaría de Santiago, Barceló estuvo acompañado espiritualmente por el sacerdote jesuita Alberto Hurtado Cruchaga, que con el tiempo se convertiría en santo. Ambos habían sido compañeros en el Colegio San Ignacio.


El 30 de noviembre del 36’, diez para la seis de la mañana Barceló Lira, salió de su celda en compañía de su amigo cura, para enfrentar el patíbulo. Según el periodista Hernán Millas, (en su libro “Habrase Visto”) antes de separarse el arquitecto abrazó a su viejo amigo y le dijo: “ahora que voy a presentarme ante Dios, puedo confesar una vez más que soy inocente”.


Ocho minutos después, Roberto Barceló Lira murió fulminado por la ráfaga de los fusileros de Gendarmería. En el instante en que las balas fueron disparadas gritó: “!soy inocente!”.


Millas recuerda que, trabajando para la revista “Ercilla”, tuvo la posibilidad de acompañar al santo en una de sus actividades y de preguntarle acerca de Barceló. “Siempre estuve convencido de que fusilaron a un inocente”, le dijo.


Antes de morir, Barceló le pidió un favor a Hurtado: que le entregara unas cartas a su hijo mayor Roberto, cuando éste cumpliera los 21 años. A su debido tiempo el futuro santo cumplió su palabra.


“No dejes que a lo largo de tu vida te domine el interés por el dinero”, fue el principal mensaje que Roberto padre le dedicó a Roberto hijo. Consejo por lo demás, que Roberto Joaquín Barceló Larraín siguió al pie de la letra.


Se dedicó a la vida intelectual como profesor de Filosofía, principalmente en la Universidad de Chile. Estudió en Alemania y con el tiempo se convirtió en un reconocido intelectual, ejerciendo importantes cargos en el mundo académico como la rectoría de la Universidad Andrés Bello. Al igual que su hermana Rebeca, consiguió rehacer su vida, ambos se casaron y formaron familia, a pesar de que la sombra de ese 30 de junio, en parte nunca los abandonó. Quizás por eso siempre se negaron ha hablar sobre ese día de invierno de 1933.

El cara y sello de los Sex Shops


Aún cuando las personas no asumen que ingresan y adquieren productos en estas tiendas, su masificación en el barrio cívico en la actualidad refleja la concurrencia que tienen. Y pese a ser tomados a la broma por algunos, pueden llegar a ser una gran solución para otros.

Por Pablo Carvajal.




En la actualidad, Chile ha sufrido diversos cambios sociológicos. Ahora es común ver a las personas de este país a diferencia de hace un par de décadas atrás, más liberales. Lo que se corrobora por ejemplo, con la condición fundamental que tiene en estos tiempos el género femenino. En el caso de los hombres, apuestan por verse jóvenes por lo que se preocupan constantemente de sus peinados o vestuarios. Y para que hablar de los jóvenes en general, que nos sorprenden con sus modas o distintos cortes extravagantes de cabello. Sin embargo, a pesar de este cambio en la sociedad, en ella hay temas complejos, los cuales en todo nivel de edad o situación, resultan difícil comentarlos o hablar de ellos, por ejemplo, la importancia de la sexualidad en la pareja.

Según una encuesta realizada por la Fundación Futuro, el 66% de los chilenos considera que las mujeres son insatisfechas sexualmente, mientras que un 47% de los individuos del estudio, piensan que los hombres lo están. En lo que respecta a la acción sexual dentro de la pareja, un 89% de los encuestados asumió que es “muy importante”.

Datos significativos que pueden explicar en parte, porqué hoy por hoy, existen diferentes tiendas que comercializan productos sexuales como las “sex shop”, las que son apetecidas por un gran número de personas, las cuales pueden adquirir vibradores, lubricantes, películas, juegos y hasta ropa erótica. Artículos que pueden tener un valor que fluctúa entre los 2.500 y 120 mil pesos.

A pesar de la masificación de este rubro debido a la concurrencia que poseen, el vendedor Iván Gutiérrez de Solo Adultos.cl ubicado en Santa Lucía 298, menciona que los chilenos son tímidos a la hora de entrar a su tienda, “en un comienzo hay un cierto prejuicio de parte de los clientes, pero una vez que entran al local, de a poco empiezan a colocarse cómodos y observan los productos detenidamente. Al final salen comprando hartas cosas y gastan una buena cantidad de dinero”, afirma. Respecto al público más tímido, el comerciante dice que tiene una técnica,” yo dejo tranquila a la gente, les permito que escojan libremente sin ninguna presión. Pero si los veo con vergüenza por ejemplo, me acerco amigablemente para que entren en confianza y les digo que estar en un negocio así no es nada malo, ni nada del otro mundo”, comenta.

Una fuente de la tienda Multi Sex de la galería Santiago Centro, que se encuentra entre Paseo Ahumada y calle Estado, dice que los productos de este tipo son de gran ayuda para la gente, porque según su experiencia, éstos sirven para mejorar la relación de las parejas,” la mayoría de los locales de este rubro, son formados con bastante seriedad y sin morbo. Ya que muchas personas, casadas o convivientes, buscan una solución para la monotonía de su sexualidad”, explica. Agrega además que, “el público a veces llega al local, porque creen realmente que con los artículos que se venden acá pueden salvar incluso, hasta su matrimonio”, menciona.

Sexo y juego

A pesar de que las tiendas sex shops son lugares en los cuales se pueden encontrar cosas que sirven para mejorar la relación sexual en una pareja, estos artículos son usados también para jugarretas como las despedidas de solteros(as). Así lo cuenta el vendedor de Solo Adultos.cl Iván Gutiérrez, “aún cuando este es un negocio serio, que vende productos para ayudar a la sexualidad de los clientes, hay un grupo de ellos que compran los consoladores para la utilizarlos para jugar y divertirse como en las despedidas antes de un casamiento”, admite.

Un juego que podría ser sólo accesible para un determinado segmento de personas, puesto que el valor de los artículos que se venden en los sex shops es elevado. Por ejemplo, los consoladores vibradores, van desde los 9.000 hasta los 89 mil pesos. Y una muñeca inflable utilizada en su mayoría por hombres, puede llegar a costar unos $150 mil.

Sin embargo, aún cuando sean caros, igualmente estos accesorios aparecen en las fiestas a modo de broma. Angélica Sepúlveda es una consumidora de estos productos, para utilizarlos en cumpleaños o eventos de ese tipo y comenta lo simpático que son,”sacar un pene vibrador en una despedida de soltera por ejemplo, es muy entretenido. Todos se ríen a carcajadas y preguntan que en dónde lo compré”, enfatiza.

No obstante, no todas las personas que compran artículos en los sex shops, son tan liberales de pensamiento como para exhibirle al resto con toda tranquilidad que les gusta ver películas porno, o que les llama la atención las bombas para agrandar los penes. Como menciona la fuente de Multi Sex, hay miedo entre la gente respecto a este tema,” no se reconoce la necesidad de adquirir productos que sirvan para usar en la sexualidad. Y esto se debe principalmente al prejuicio que tiene el público que ve con cierta morbosidad tener un consolador guardado en el velador”, sintetiza.

Aún cuando estas tiendas que venden cosas sexuales, sean utilizadas realmente por los chilenos para solucionar los problemas de parejas o, simplemente para ser usados para el chiste. Lo claro es que cada día aumenta más la afluencia de público en estos locales, lo cuales llegan a más de 30 en todo lo que comprende el barrio cívico de Santiago, lo que confirma que el chileno, ha dejado de ser pacato a la hora de enfrentarse a la innovación en el sexo.