Ubicado en el corazón del centro de Santiago, el cerro Santa Lucía llamado en sus orígenes como “Huelen” (que significa dolor, tristeza en mapudungun), por los indios que habitaban la zona, hoy en día es uno de los centros más visitados en dentro del barrio cívico, por sus amplios espacios de áreas verdes, sus vistas panorámicas y la tremenda historia que envuelve a este gran símbolo de belleza inserto entre smog y altos edificios de la capital chilena. Acá una visita y una descripción en una carilla de más de 500 años sobre el testigo presencial de gran parte de la historia de Chile.
Era el año 1540, y Pedro de Valdivia se tomaba el cerro junto con su milicia, y lo bautizó el 13 de diciembre como Santa Lucía. Atrás quedaba el dominio de los indios aborígenes y con ello el antiguo nombre que tenía esta colina, Huelen, que fue utilizada inicialmente por los españoles como un punto de combate estratégico, puesto que su gran altura servía para divisar la presencia enemiga.
Dos meses más tarde, específicamente el 12 de febrero de 1541, el primer gobernador de Chile, Pedro de Valdivia fundó en esa misma localidad, a Santiago del Nuevo Extremo. Desde ahí en adelante, el cerro forjó sus primeros acontecimientos, los que al paso de los años se repetirían incansablemente.
Sin embargo, a pesar de la importancia que se le dio en su fundación, posteriormente el Santa Lucía comenzó a quedar en el olvido desaprovechándose esa inmensidad de belleza natural, siendo utilizado sólo con fines militares. No obstante, debido a la futura celebración del centenario de Chile (1910) se realizaron diversos trabajos de renovación para el cerro, como la implementación de nuevos accesos, la construcción de una capilla y un amplio proceso de reforestación, que incluyó el injerto de tierra vegetal, árboles de distinto tipo y arquitectura para la recreación de los ciudadanos, como las fuentes y plazas. Todo este proyecto estuvo encabezado por el en ese entonces, (1872-75) intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna.
Hoy en día, el Santa Lucía deslumbra a todos los santiaguinos con todas esas modificaciones de antaño, en un viaje al pasado y las infraestructuras de siglos anteriores. En primer lugar, antes de ingresar a este coloso del Barrio Cívico, se debe firmar un registro de visitas, que se sitúa en una de las principales fuentes del cerro.
Enseguida de firmar como saliendo de la penitenciaría, comienzan las interminables escaleras, la primera de ellas, con llegada a el patio más grande del ex “huelen”, la plaza Neptuno que me hizo botar unas lágrimas al recordar el final de “Amor Ciego 2 ” (dating show de Canal 13). Ya un poco sudando por los largos caminos que contiene el cerro, un se inserta en lo que era el tiempo de la colonia en Chile con los antiguos caminos que hasta hoy se pueden ver y las escaleras que para llegar a los siguientes sectores, que son las mismas construidas en el proyecto de Benjamín Vicuña Mackena.
Luego de eso, ahora sí más cansado que nunca y recordando el porqué pienso realmente en hacer una dieta, llegué a uno de los patios más admirables del Santa Lucía, la Terraza Caupolicán, la que está integrada por diversos tipos de árboles y cañones que recuerdan que estamos parados ante un ícono insigne de la historia de Chile y unos cuantos aparatos que con cien pesos permiten apreciar la panorámica de todo Santiago. Además de la belleza del frontis del Castillo Hidalgo creado para ser utilizado como defensa en tiempos de guerra.
Ya a pocos metros de conseguir el objetivo, ( que a esa altura me estaba costando el dolor de mis dos piernas por el cansancio), comienza el vértigo y el tiritón del cuerpo nuevamente por inmensas escaleras que me hacían pensar en elegir otro sitio del barrio cívico, por sentir que se está encima de todos los edificios de la capital. Sin embargo al fin, ya eso sí, bien al final del viaje, me di cuenta que el esfuerzo había valido y sentí literalmente que mojé la camiseta para lograrlo, la cima del cerro que dejó mis ojos maravillados por tan esplendido paisaje, que excepcionalmente, se encontraba libre de smog con una brisa, raramente pura. Elementos que me dieron a entender, las razones de porqué fue declarado monumento nacional el 16 de diciembre de 1983 bajo un Decreto del Ministerio de Educación.
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